14-01-2009

La revista Vadeuropam presenta los diferentes puntos de vista relativos a las noticias más importantes de los países europeos. No sólo se centra en las noticias de cada día, ni se limita a ser un boletin de las actividades de las instituciones europeas. Por eso, se puede definir como una revista de consulta que presenta informaciones fundamentales relativas a Europa, es decir, una especie de vademécum europeo, de allí el nombre Vadeuropam (Va de Europa).
La revista Vadeuropam analiza las repercusiones que han producido los acontecimientos de mayor relevancia política, económica y sociocultural, y las tendencias a largo plazo que éstos ocasionan.
La revista Vadeuropam ha nacido por iniciativa de algunos jóvenes provenientes de varias naciones de la Unión que viven los efectos de la Europa contemporánea y experimentan diariamente la multiculturalidad y el multilingüismo que caracterizan a nuestra sociedad.
¡Que disfruten de la lectura!
La redacción
Vadeuropam busca
Buscamos voluntarios! Si quieres colaborar con nuestra revista como escritor, traductor, cartoonista, editor, … contacta con la redacción por mail a vadeuropam@gmail.com.
Vadeuropam
Descarga la revista: vadeuropam_2009_no4
Los numeros anteriores:
- Enero 2009 vadeuropam_2009_no1
- Febrero 2009 vadeuropam_2009_no2
- Marzo - April 2009 vadeuropam_2009_no3
Truman Capote, quizás sepa el porqué de este “lipstick effect”, ya que en “Breakfast at Tiffany’s” escogió a una de las actrices más glamurosas para encarnar ese papel; Audrey Hepburn. En un momento de la película Audrey decía que “Una mujer, no puede recibir una mala noticia sin tener los labios pintados”. ¿Y qué peor noticia que una crisis internacional?
En periodos de recesión algunos de los artículos de lujo más caros quedan relegados a un segundo plano, mientras los coches quedan expuestos en sus concesionarios y los vestidos de alta costura lo hacen colgados de sus perchas, aún podemos encontrar algo que resiste a pesar de todo: el rojo de labios.
El llamado “Lipstick effect” surgió tras la caída de las Torres Gemelas en el 2001. El presidente de la multinacional cosmética americana “Estée Lauder”, Leonard Lauder, acuñó esta expresión tras ver que habían aumentado las ventas del mismo, y en especial los de color rojo.
En tiempos de crisis las mujeres tienen tendencia a comprarlos más, ya que son pequeños artículos de lujo asequibles. Según un experto economista de la City de Londres, comenta que el hábito de los consumidores no es el de no gastar, sino de hacerlo a la baja, adquiriendo productos algo más baratos y que les hagan sentir mejor, es más, este efecto se ha sostenido durante las recesiones del pasado y en países con tradiciones culturales diferentes. En uno de los descensos sincronizados más profundos, la economía global se ha dirigido a consumidores que aumentan sus gastos en cosméticos aún economizando en todo lo demás.
Las europeas que más utilizan estos productos son las inglesas, junto con las españolas, al declarar que lo usan tres de cada cuatro mujeres. En España, el segmento de las barras de labios factura aproximadamente 200 millones de euros al año, con una venta de cerca de 20 millones de barras de labios al año. La gran multinacional francesa L’Oréal se considera líder del mercado en España, con una satisfactoria facturación en 2007. Ese mismo año, L’Oréal España creció un 8,8%, mientras que el mercado creció un 6,9%. Las ventas de carmín son sólo un instrumento de medida entre otros en los que se puede ver reflejado la supuesta confianza económica.
El equivalente en moda sería el “efecto dobladillo”, aquel que mide el largo y el bajo de las faldas según se encuentra nuestro sistema monetario. Si el sistema no funciona, las faldas se vuelven estrechas y largas, si la economía goza de buena salud, las faldas se acortan por encima de la rodilla hasta convertirse en minifaldas.
En Alemania el número total de parados en 2007 ascendió a casi 4 millones, pero los trabajadores de la multinacional alemana de cosmética Beiersdorf vieron asegurados sus puestos de trabajo, la empresa se jactó de no haber despedido, ni a un sólo empleado. Karen Grant de la empresa de estudios de mercado NPD Group, cree que sería lógico considerar un “índice de belleza” general, ya que dice que es todo el sector cosmético el que se encuentra en buen estado durante la recesión. La inmensa mayoría de las mujeres, se desharía antes de su ropa de marca o incluso de sus zapatos de firma que de su máscara de pestañas o de su barra de labios. Las costumbres masculinas siguen un modelo semejante, “el efecto gemelo” está a la vista. Los hombres abandonan televisores y coches para conseguir pequeños lujos que estén más al alcance de la mano; como accesorios personales, móviles de última generación…puede que este efecto no se encuentre tan lejos de las mujeres.
Cristina Parés
En el contexto actual de una crisis económica a gran escala, la Unión Europea se enfrenta a muchos retos y, para lograr mantener un desarrollo personal, económico y social debe promover la creatividad y la innovación como competencias clave. Por consiguiente, Europa no debería racionar ante la crisis reduciendo la inversión en capacidades e innovación.
Por ello el año 2009 ha sido propuesto como el Año Europeo de la Creatividad y la Innovación, que fue oficialmente inaugurado por la presidencia de turno checa junto con la Comisión Europea. Para marcar este evento, se celebró una mesa redonda en Praga el día 7 de enero, presidida por Esko Aho, vicepresidente ejecutivo de Nokia y antiguo primer ministro finlandés, en la que participaron una docena de Embajadores del Año. El objetivo de esta mesa redonda era la adopción de una serie de recomendaciones para los gobiernos e instituciones de la UE, que luego fueron presentadas en una conferencia celebrada esa misma tarde a la que acudieron artistas, empresarios, investigadores y diseñadores eminentes. En la víspera de la celebración, el Comisario Europeo de Educación, Formación, Cultura y Juventud Ján Figel, destacó la importancia de este Año Europeo, puesto que acerca muchos campos como la educación, la cultura, las políticas de investigación, las políticas sociales y laborales, la energía, el transporte, el medio ambiente y la sociedad de la información. También se mostró muy satisfecho de la acogida que se recibió por parte de los estados miembros de la UE e invitó a todas aquellas empresas, asociaciones y organizaciones que quieran ser socios del Año.
El objetivo de este Año Europeo es el de transmitir el mensaje de que para forjar el futuro de Europa en un mundo globalizado lleno de competencia, es necesario concienciar a las personas y promover el potencial creativo e innovador de todos, dedicando una especial atención a la educación, la cultura, las políticas medioambientales y la sociedad de la información.
Como parte de las actividades previstas para marcar este Año, hubo una conferencia a gran escala sobre el papel de los programas de financiación de la UE para la creatividad y la innovación que se celebró en Bruselas, además de seis debates públicos sobre temas clave como son la diversidad cultural, el sector público, la educación, la sociedad del conocimiento, el desarrollo sostenible y las industrias creativas y artísticas, para establecer un foro para la reflexión y el intercambio de ideas que contribuyan a entablar un debate sobre una política de la creatividad y la innovación. Otras actividades programadas son campañas de promoción, así como iniciativas y actividades a nivel europeo, nacional, regional y local.
A este fin, se ha creado una página web (http://www.create2009.europa.eu) dedicada al Año Europeo con una lista de actividades, informes y mensajes sobre las políticas, con secciones especiales para las actividades que vayan a llevarse a cabo en los estados miembros y otra para los 24 Embajadores del Año.
David Morris
(fuente: www.create2009.europa.eu)
En el Foro Económico Mundial de Davos, reunido el pasado mes de enero, varios de sus interlocutores mostraron su preocupación ante la posibilidad de que el proteccionismo se extendiese a lo largo de la economía. Como si de un virus se tratase, ha iniciado su proceso de infección, el cual se está extendiendo a lo largo y ancho de la economía mundial.
Tenemos ejemplos de ello en el plan de estímulo de la economía presentado por Obama, en el cual se contemplan medidas proteccionistas para la industria de la siderurgia, favoreciendo el consumo de producto interior.
La UE también está en riesgo de infección y en la cumbre extraordinaria del pasado 1 de marzo se ha tratado de prevenir la enfermedad, que como dice el refrán, siempre es mejor que curarla.
En el seno de la UE deben destacarse, por ejemplo, las aspiraciones proteccionistas de Francia para proteger su sector automovilístico; o como Alemania que incrementó de forma unilateral su fondo de garantía de depósitos, materializando por tanto la existencia de diferentes políticas de prevención sobre la crisis bancaria para cada país de la UE.
La UE no puede enfermar de proteccionismo, cuando menos a nivel interno, en cuanto contradice los fundamentos constitutivos de la misma y por tanto su propia razón de ser, la integración de sus miembros. Y así se ha manifestado en la reunión extraordinaria que ha mantenido el 1 de marzo. Pero pese a ser el planteamiento “oficial” de la UE, debe vigilarse la actuación de cada país para evitar medidas unilaterales encaminadas a la protección de sus economías.
Se ha demostrado tanto teórica como empíricamente que el libre comercio genera beneficios para todas las partes, sustentando actualmente muchas economías en desarrollo que exportan su producción a países desarrollados. Si la infección proteccionista puede ser grave para la economía en su conjunto, para los países en desarrollo puede ser letal.
El mundo entero debe velar por el mantenimiento de los logros alcanzados hasta la fecha, en cuanto al libre comercio entre las distintas naciones. Debe retomarse el espíritu de las Rondas de Doha y, con el respaldo de la OMC (Organización Mundial del Comercio), continuar en el camino del liberalismo económico y comercial.
En el caso concreto de la UE, es más necesario aún mantener la competencia internamente, para lo cual el Tribunal de Defensa de la Competencia debe proseguir con ahínco en sus labores. Se demuestra que la libre decisión de los agentes económicos en situaciones de adecuada competencia genera resultados económicos óptimos.
La UE, después de haber liberalizado varios sectores de la economía, después de haber logrado la integración económica y monetaria, después de haber eliminado las fronteras comerciales internas, no puede volver hacia atrás en el camino de la libertad económica.
El mercado único que hemos configurado los componentes de la UE, debe regirse por las reglas básicas del libre comercio y la competencia económica; debemos velar por la eficiencia y crecimiento de nuestro mercado.
Siendo la UE actualmente el único ejemplo real de la culminación de la integración económica, puede ser tomada como referente en lo que a procesos de integración se refiere. Debe recordarse que las aspiraciones constitutivas de la UE pretendían una integración más allá del ámbito económico, pero decidieron empezar por éste pues es el más tangible y el que mayor influencia puede tener sobre el pueblo.
Aplicando el razonamiento inherente en la UE al comercio mundial, podemos considerar que la existencia, mantenimiento y desarrollo del comercio internacional, supone un primer paso en la integración social a escala mundial.
La vacuna por tanto para protegernos del proteccionismo, es a su vez motor de la integración económica mundial, antesala de la integración social mundial y por tanto elemento de cohesión ante futuras disputas que pudiesen surgir, antídoto ante posibles conflictos armados a escala mundial, como fue el nacimiento de la UE tras la segunda guerra mundial, minimizando los riesgos de conflicto entre sus componentes.
Simón Pérez
La crisis financiera que se inició hace poco más de un año ha tardado en extenderse, tanto entre la industria financiera como en todo el mundo. En los últimos meses, los problemas aislados a los que se enfrentaban algunos bancos en los Estados Unidos y del Reino Unido se han extendido. Este proceso empezó a ganar velocidad a medida que el sector de la banca en Estados Unidos empezaba a desmoronarse (lo cual llevó a una casi total nacionalización de la misma). Ahora, estos problemas están afectando algunos bancos europeos. Son varios los estados europeos que han empezado a comprar acciones de la banca. Los gobiernos del ‘Benelux’ rescataron a Fortis, Francia al banco Dexia, Irlanda garantizó las cuentas de depósito de los seis principales bancos del país, Alemania revisó a fondo las cuentas de un banco de Baviera y, ya hace algún tiempo, el Reino Unido nacionalizó el banco Northern Rock. A pesar de la unificación monetaria, las reglas del juego las fijan los gobiernos nacionales.
El papel supervisor de los bancos centrales sigue bajo el control nacional. Además, en el caso de que un banco se encuentre con problemas financieros no es el BCE sino los gobiernos nacionales quienes deben salir al rescate. Existe una multitud de estudios, elaborados mucho antes de que irrumpiera la crisis, que ya avisaban de los peligros que conlleva esta fragmentación de las políticas reguladoras y de la función de garante en última instancia para muchas economías europeas.
A corto plazo los gobiernos nacionales que intentan salvar a sus bancos están sin duda dejando de lado los efectos que sus acciones conllevan para otros Estados miembros de la Unión Europea. Y es que no sólo los bancos son cada vez más internacionales (sirvan de ejemplo el banco belga-holandés Fortis o el banco franco-belga Dexia), sino que incluso los bancos nacionales están cada vez más interconectados en los mercados financieros. Las políticas nacionales que sólo se fijan en las cuentas nacionales de los bancos no pueden evaluar todos los efectos que tienen estos rescates bancarios. El riesgo de contagio persiste y no se podrá acabar con la crisis, puesto que el compromiso de los gobiernos nacionales de rescatar a sus bancos no basta para generar la confianza en los mercados de que todos los problemas se han solucionado. Dar la espalda a este efecto multiplicador aumenta el riesgo de que la crisis financiera sea aún más profunda y de mayor envergadura. Al final, el coste que tienen estas acciones descoordinadas para los contribuyentes será, más que probable, mucho mayor.
A largo plazo, la nacionalización de los bancos corroborará la fragmentación del sistema bancario europeo. Gran parte de los beneficios de la integración financiera, en términos de seguros, crecimiento económico, etc. se verán reducidos a prácticamente nada, debido a la nacionalización de los grandes bancos.
Por consiguiente, es de vital importancia que los gobiernos nacionales se sienten en la mesa de debate para coordinar sus respuestas, para así desarrollar soluciones a nivel europeo donde sea oportuno. La tarea de encontrar una solución rápida a las crisis globales debería ser encomendada al Banco Central Europeo y a la combinación de una política monetaria junto con un proceso de seguimiento de los bancos de la zona Euro a nivel de la UE, lo cual sería un buen punto de partida. Actualmente, se podría evitar que algún acontecimiento inesperado en alguno de los países miembros de la UE llevara a una cascada de fallos y a una ola de pánico. En el futuro, los procesos de seguimiento por parte del BCE podrían evitar las crisis antes de que éstas ocurran, preferiblemente sin implicar la complejidad de la política fiscal.
Peter Claeys
Tras la crisis financiera que hemos vivido en los últimos dos años, se reabren con más preocupación los debates que giran en torno a la supervisión y a la regulación del sector financiero.
En las últimas semanas se ha estado analizando el futuro de la supervisión y regulación del sector financiero en la Unión Europea, tanto por la Comisión Europea como por un comité asesor.
La CE finalmente no ha otorgado la posibilidad de ostentar la supervisión financiera al Banco Central Europeo, dado que ha considerado que este debe mantenerse centrado en su actividad principal, la gestión monetaria.
Adicionalmente, la CE propone una revisión de los comités (bursátil, bancario y asegurador), pero se trata de una revisión poco profunda. Se ha tomado la decisión de mantener la vigilancia de las entidades financieras como competencia de cada país.
Los europeos debemos asumir ya la realidad de la integración, con el euro como testigo de la misma, y asumir por tanto la necesidad de las reformas correspondientes para una armonización reguladora del espacio económico europeo.
Deben evitarse situaciones como las vividas con la crisis financiera, como por ejemplo, la acción unilateral de Alemania al incrementar el fondo de garantía de depósitos de su país. Situaciones como esa suponen una asimetría en cuanto a la competencia del sector y pueden convertirse en una forma encubierta de proteccionismo nacional.
Medidas como la nacionalización, o no, de entidades financieras del mercado europeo, deberían estar sometidas a protocolos de actuación comunes, bajo reguladores comunes. No debemos permitir que esto se convierta en un sálvese quien pueda.
El futuro de Europa pasa por la progresiva integración de sus órganos, los estados cedieron la política monetaria y algún día acabarán cediendo la política fiscal, proceso que se verá materializado en la integración de las agencias tributarias en un único órgano. De otro modo se continuarán manteniendo disparidades en el mercado único, que alteran su estructura competitiva.
También los reguladores, tanto del sector financiero, como del resto de la economía, deberán acabar integrándose en los órganos que tomen las riendas de Europa.
La crisis económica presente, más las crisis venideras, son ya crisis de alcance mundial, donde la globalización funciona como transmisor de las mismas por la economía de todo el mundo. Ante problemáticas de alcance global, la UE debe actuar de forma global, pero la realidad que vivimos es diferente a lo que debería ser.
Problemas locales requieren soluciones locales, pero problemas europeos requieren soluciones europeas.
Simón Pérez
El mundo está viviendo un “érase una vez la crisis”, una discontinuidad histórica que es todavía más grave que la del año 1929. De hecho, a día de hoy se han realizado diversas críticas al respecto, todas ellas de extensión e intensidad globales; de la crisis que arrastra el capitalismo (y de la civilización como se conoce hoy en día) a la ecológico-ambiental; de la cuestión vital energética a la crisis política, la cual ve en el fin de la hegemonía americana y en el emerger de las grandes y nuevas potencias (en gran parte asiáticas) la impredecible -quizás, además, peligrosa- transición hacia un nuevo orden internacional.
Desgraciadamente no se pueden conocer por anticipado todos los riesgos que estamos corriendo, así como tampoco se sabe con certeza si la “población global” será capaz de dar normas nuevas y más equilibradas para poder gobernar democráticamente. Solamente no se pone en duda una cuestión, y concierne al rol potencial de Europa en el mundo. La Unión Europea, con su peso económico, con su historia y sus responsabilidades, tendría la capacidad de aprovechar las oportunidades que siempre se esconden detrás de una crisis, pero sus promesas y expectativas permanecen encerradas en un cajón lleno de nacionalismos, xenofobia, incompetencia, miopía política y un retroceso cultural.
La solución de la crisis global está estrechamente ligada a la capacidad de Europa de retomar el propio rol del modelo institucional y valorativo (véase el tan imitado y estudiado “modelo social europeo”) y de volver a ser sujeto y no objeto de la historia. En pocas palabras la salida de la crisis depende en gran parte de la recuperación, a grandes rasgos, de aquel proceso de unificación política y económica de Europa que dura desde hace más de 50 años y que, según palabras de Jacques Delors, funciona como una bicicleta: debe su propia fuerza a su continuo movimiento, a su perpetua dinámica, y que se arriesga a parar del todo si no puede conseguir continuar hacia adelante.
¿A través de qué canales es posible dar un nuevo impulso a la integración? Partamos de una simple consideración: cada paso adelante en la construcción europea hacia la realización de una federación acertada está vinculado a la construcción de un bien público supranacional, ya sea éste el mercado único, la PAC (política agrícola común) o el EURO. En realidad podríamos considerar el proceso total a través de una perspectiva sujeta a los bienes públicos y al poder de gobierno necesario para gestionarlos: al resurgir de cada nuevo bien público le corresponde una cesión necesaria de soberanía de parte de los gobiernos nacionales con respecto al nivel comunitario. Desde este punto de vista podría ser suficiente individualizar un nuevo bien público supranacional, sacándole ventaja a la integración que comenzaría de nuevo forzosamente; es en este punto donde entra en juego la crisis, sobre todo si se presta atención a estas oportunidades que nacen de una serie de amenazas hacia la supervivencia de los países europeos.
Frente al riesgo siempre más real ante una incomparecencia de los países de la Europa del Este, ante el aumento de las distribuciones (más bien de la diferencia entre el rendimiento de los bonos del estado) entre Alemania y el PIGS (Portugal, Italia, Irlanda, España y Grecia) y considerando las altas probabilidades de insolvencia por parte de los grandes bancos transeuropeos, las míseras respuestas de los países miembros de la unión aparecen como una carrera desorientada sin orden alguno, sin la mínima esperanza de éxito. El único modo de salir de la viciosa espiral de la crisis (que también afecta profundamente la confianza de los ciudadanos, de las empresas, además de la de los inversores) es la emisión de una ingente cantidad de Union Bonds, más bien de títulos de débito público europeo, que serían expresiones de un nuevo bien público supranacional: la capacidad de la UE para crear débito.
Los Union Bonds nacerían con una gran fuerza, debido a su emisión con una divisa más fuerte y estable del mundo (el euro) y podrían ser utilizados para financiar proyectos radicalmente innovadores y transnacionales, de naturaleza ya sea “material” (infraestructuras y producciones de energía limpia, por ejemplo), o “inmaterial” (el desarrollo de los retos universitarios por excelencia, sostienen a la formación permanente y a la investigación, instituciones con un Basic income, es decir, un rédito de ciudadanía europea). La potencialidad de este nuevo instrumento económico seria (1) la relativa facilidad de llevarlo a cabo: es posible pensar en un proceso semi-gradual para sus instituciones, inspirándose en el modelo ya visto y experimentado para la integración monetaria (en el cual un recipiente coordinado de monedas europeas, el ECU, ha precedido a la verdadera unión económica y monetaria y la moneda única) y (2) su empuje hacia la convergencia de los indicadores y de las actuaciones económicas por parte de diversos países; el alto perfil de los proyectos financiados evitaría una carrera hacia el final con respecto a la calidad de los bonos, que tenderían -como sucede en el tiempo del UEM con las tasas de cambio- a alinearse con aquéllos del país más virtuoso (Alemania) más bien el contrario. A todo cuanto se ha dicho podemos añadir otra ventaja, esta vez psicológica: el efecto de anunciar la vinculación con la emisión de los Union Bonds podría relanzar la expectativa de los agentes económicos hacia el futuro, permitiendo que se cumplan los primeros pasos fuera del círculo vicioso de las “auto-cumplidas” expectativas de naturaleza depresiva.
La verdadera fuerza de los Union Bonds reside en su naturaleza de bien público supranacional, es decir, en su rol “político”: una UE capaz de crear un débito necesita nuevos poderes y nuevas competencias -y, como no, de nuevas cesiones de soberanía- esta vez no limitadas a un organismo autónomo como la BCE, más bien extendidas a las instituciones capaces de gobernar democráticamente una Europa federal: El Parlamento Europeo, la Comisión y, eventualmente, un nuevo organismo ad hoc.
Resumiendo: la crisis económica y financiera impone (o impondrá muy pronto) a los gobernantes europeos la creación de un débito público supranacional, afecta el fracaso de todas las pequeñas y descoordinadas medidas ya adoptadas. Pero la creación de un débito público europeo -y en perspectiva la institución de una fiscalidad federal europea- implica a su vez la creación de un poder federal que pueda gestionarlo democráticamente, el último paso hacia la realización de la Federación Europea.
Simone Vannuccini
La unidad aduanera europea es ya una realidad casi consolidada en toda la Unión desde hace algunos años. Sin embargo, eso no excluye de los controles a las “fronteras externas”, o sea a lo largo de las fronteras entre estados miembros y no miembros. Con el objetivo de optimizar y asegurar la facilitación de un servicio más eficiente y eficaz en términos de seguridad de las fronteras interiores y la protección aduanera, la Unión Europea en octubre de 2004 creó la Agencia de gestión de cooperación operativa en las fronteras exteriores (Frontex).
Las principales tareas de Frontex consisten en coordinar la cooperación entre los estados miembros en materia de gestión de las fronteras externas, asistiendo a los estados miembros en la formación de los aduaneros (también estableciendo normas comunes en dicha formación), preparar un análisis de los riesgos, seguir la evolución de las investigaciones sobre el control y la vigilancia de las fronteras exteriores, ayudar a los estados miembros que tienen que enfrentarse a tales circunstancias que requieren una asistencia técnica y operativa reforzada en las fronteras, proveer a los estados miembros del soporte necesario para organizar operaciones conjuntas de repatriación.
Frontex actúa en estrecha colaboración con otros organismos comunitarios de la UE responsables de la seguridad, como la Oficina Europea de Policía (EUROPOL), la Escuela Europea de Policía (CEPOL), la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF), y con los organismos responsables en el sector aduanero y de las inspecciones fitosanitarias y veterinarias, con el objetivo de garantizar la coherencia global del sistema. Frontex incrementa la seguridad en las fronteras, asegurando la coordinación de las iniciativas de los Estados miembros que deberían poner en marcha las medidas comunitarias para la gestión de las fronteras exteriores.
La sede oficial de Frontex se encuentra en Varsovia (Polonia). Actualmente, la agencia está bajo la supervisión del finlandés Ilkka Laitinen. Según un nuevo reglamento comunitario, el presupuesto global se ha multiplicado (y en el 2007 se ajustó a más de 42 millones de euros) en respuesta a las crecientes competencias de las cuales se encargó la administración.
Naturalmente mucha de la atención prestada a Frontex es la de considerar la actividad de supervisión y prevención de la inmigración clandestina. Del “Informe Anual 2008″ emerge que sobre ciento sesenta y cuatro mil ingresos irregulares relevantes setenta y tres mil son de Grecia. Desde lejos siguen España e Italia, donde el número de los irregulares está disminuyendo respecto al 2006.
La actividad de la agencia, sin embargo no se limita al control de los flujos migratorios en Europa, sino también a aquellos productos que son falsificados y peligrosos para la salud de los consumidores.
(fuente: Frontex informe anual 2008)
Tiempos de globalización y tiempos de crisis económica. Noticias, opiniones, previsiones, rectificaciones, confirmaciones y desmentidos se multiplican sobre los medios de información, dejando a la opinión pública en gran parte desorientada y preocupada por su propio futuro económico y social. Lo que a menudo resulta tener demasiado énfasis, es la gravedad de los datos macroeconómicos (descenso del PIB, índice de desempleo, etcétera), pero no aquellos pequeños - pero nunca insignificantes - casos de las dificultades actuales, tanto fuera como dentro de Europa.
Un ejemplo evidente es lo que ha sucedido en Bucarest, la capital de Rumanía, con cientos (si no miles) de trabajadores chinos. Todos ellos llegados a Rumanía atraídos por el espejismo de un trabajo bien remunerado - en comparación con los estándares de su país de origen - con la posibilidad de establecerse en Europa para siempre, numerosos obreros de la República Popular China se han transferido a Bucarest y a otras principales ciudades rumanas, principalmente por trabajos generales realizados por operarios. “Nos habían prometido un sueldo de 3€ la hora, por trabajar 10 horas al día”, cuenta Gao Lin, de 23 años, a la Associated Press, “una vez llegados a Rumanía, las horas de trabajo se habían convertido en 12, y el salario había disminuido”.
Pero las malas noticias para los chinos no habían terminado: a causa de la crisis económica que persigue también al este europeo, muchas de las empresas para las cuales trabajaban se han visto obligadas a cerrar, echando a la calle a todos sus obreros. ¿El resultado? Los inmigrantes chinos se han encontrado sin trabajo, y sin un duro para volver a casa y -en muchos casos- desprovistos del permiso de residencia. Así, sin otras alternativas, se han encontrado miles de personas durante el pasado febrero. Se encadenaron para protestar delante de la embajada de China en Bucarest, pidiendo ayuda a su gobierno para volver a la patria.
Las noticias en relación a la repatriación de los trabajadores chinos son pocas y fragmentadas, pero el cuadro socioeconómico que está emergiendo es desconcertante. Vivimos en una época en que la tendencia desenfrenada hacia las ganancias y a la reducción de los costes de gestión ha hecho funcionar a las empresas de manera que operan siempre en la sombra, lejanas de la legalidad y del respeto de los derechos de los trabajadores.
Este fenómeno - como muestra el caso aquí presentado - no se refiere sólo a los países en desarrollo, sino también a la Unión Europea, con dinámicas diferentes pero comparables: los trabajadores de los países más pobres (los del este, obviamente, en particular Rumanía y Bulgaria) se mudan hacia el oeste a la búsqueda de mejores condiciones de vida y de trabajo, pero se encuentran en general, escepticismo, racismo y -demasiado a menudo- explotación laboral.
Pasa lo mismo con los que vienen a Europa desde países aún más pobres o desprovistos de una estructura democrática: no sólo chinos, sino también africanos, suramericanos y emigrantes desde el sureste asiático. Estos grupos están presentes no sólo en países de la ex UE-15, sino también en los nuevos estados miembros, como es el caso de los chinos en Rumanía, donde -no siempre, pero en la mayoría de los casos- quedan relegados a los márgenes de la sociedad y del mercado de trabajo, acusados de sustraer la ocupación a los locales.
La realidad es que estamos viviendo en una época en que las “guerras entre pobres” se multiplican, creando una espiral descendente, una carrera de fondo que desconcierta y preocupa. La Unión Europea ha intentado y está intentando activarse para la tutela de los derechos de los trabajadores, pero la excesiva fragmentación de la legislación y la ausencia de políticas comunes sobre el bienestar social y sobre el control de la inmigración hacen la acción de la UE excesivamente débil e incoherente. Siempre esperando que la crisis económica no acentúe aún más las divergencias y la desigualdad social.
Federico Martire
Desde hace más de 15 años que se está hablando de este tema en Italia, aunque en Francia, España, Bélgica, Reino Unido y los Países Bajos es ya un estatuto adquirido: el testamento vital, la libertad de poder disponer de la propia vida en casos extremos (sobre todo cuando la voluntad manifiesta está encubierta por condiciones de salud que impiden expresarse), se ha puesto de moda, con prepotencia, en los últimos meses. El debate actual ha sido provocado por el caso de Eluana Englaro, una desafortunada chica italiana mantenida en vida desde hace 17 años solamente gracias a la nutrición forzada y a base de curas específicas para enfermos en estado vegetativo. Su familia, desde hace muchos años, ha intentado asegurar una muerte digna recurriendo a la justicia ordinaria.
Eluana murió el pasado 9 de febrero, después de la suspensión de la alimentación dispuesta por la Corte de Apelación Civil de Milán, al final de un largo calvario ético y jurídico que ha dejado rastros de una polémica todavía viva en el debate político y social en Italia. El gobierno italiano ha intentado bloquear hasta el final la actuación de esa sentencia, a través de la acción administrativa (inspecciones ministeriales y amenazas de suspensión de los fondos a las clínicas dispuestas a acoger a Eluana) y legislativa.
No es el caso de rubricar el episodio de Eluana Englaro como el enésimo caso en que Italia ha demostrado ser una democracia « laicamente » incumplida, donde una mayoría más devota a las sacras disposiciones de la Iglesia católica que no al bien común, y una oposición pávida que esconde la cabeza bajo el lema de la ”libertad de conciencia”, enseñan la cara peligrosa de un Estado obsesionado por una deriva intervencionista.
De Italia llega un inquietante presagio, que pone en peligro la calidad del partner europeo y que genera, indirectamente (pero también sutilmente), discusiones sobre la naturaleza y la validez de las convenciones y los tratados europeos ya aceptados. Me refiero, (de manera particular), al reclamo de la laicidad como valor fundador del Tratado de Lisboa y de la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea, en los cuales el fondo que sobrevive define al hombre como el sujeto del cual es fundamental defender la dignidad como persona, haciéndolo responsable de sus actos y de sus decisiones y garantizando así los instrumentos útiles para la construcción de una anunciada elección.
Sin embargo, la rapidez impresa por el gobierno italiano para la aprobación de un decreto que revocara lo dispuesto por la Corte de Apelación milanesa y restableciera la alimentación de Eluana tiene serios vicios de constitucionalidad y lanza un grave mensaje al resto de Europa.
¿Puede de hecho un partner europeo no crear una cuestión de legitimidad y expresar una viva preocupación en las confrontaciones de un estado que, en nombre de un vacío legislativo sobre el tema, pone el estatuto del decreto de urgencia como instrumento para gobernar un sólo caso y restarlo del debate político? ¿Cómo se puede fingir que nada ha pasado delante de un acto de tal fuerza que se pone en contraste con los primeros 19 artículos de la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea, donde libertades y derechos del ciudadano están bien declarados según principios diametralmente opuestos? Y aunque se quisiera salir de la visión europea - por miedo a encerrarse en una discusión sin salida - igual se tendría que preguntar qué Carta o Convención universal no pondría el acento sobre la inviolabilidad de la dignidad humana y no se haga mensajera de las acciones de tutela de la libertad de elección.
Bastaría recordar solamente un caso análogo ocurrido en EEUU, el de Terry Schiavo, donde la intrusión del Parlamento Americano fue rápidamente contenida por los jueces, evitando así la especulación política a la que se ha aferrado Italia.
La disposición de la ciudadanía -concepto veladamente presente en los pliegues de la ley sobre el testamento vital propuesto por el gobierno italiano- es un principio que hace volver a culturas totalitarias tristemente conocidas por la Comunidad Europea y por eso no puede ser aceptada desenfadadamente, aún si el llamamiento fundamental es la salvaguarda de la vida a toda costa, un integrismo religioso del cual nadie, siente la necesidad en un contexto europeo vuelto a la garantía de la laicidad como valor absoluto.
De hecho no se debe olvidar que la defensa de la laicidad ha ocurrido en medio de un debate sobre la redacción de la Constitución europea y ha visto el alzamiento de las barricadas políticas de parte de quién pedía a gritos la introducción de inequívocos llamamientos a las raíces cristianas de Europa. Haber mantenido la deriva integrista no ha calmado el empujón de estos paladines de la cristiandad violada y no nos pone a cubierto de su espíritu de cruzados.
Franco Sessa
El conflicto que recientemente tuvo lugar en Gaza ha provocado la interrupción de las negociaciones bilaterales para liberalizar los servicios entre la UE e Israel, así como la posible integración de este país en la Comunidad Económica Europea. Hace tiempo, la UE dio el visto bueno a una mejora en las relaciones bilaterales con Israel para potenciar la cooperación política y económica conforme al deseo de este país de integrarse en la CEE. No obstante, ahora mismo las reuniones entre los representantes de la Unión Europea y los representantes del comercio israelí se han cancelado o pospuesto hasta nuevo aviso. Entre las prioridades de la UE para la región mediterránea se encuentran facilitar el acceso al mercado a los servicios industriales y la liberación del comercio en los servicios. Israel siempre ha buscado integrarse en sectores más específicos de la CEE, mientras que la UE quiere conseguir un paquete más exhaustivo. Además, el país no sólo quiere que el sector de servicios financieros se liberalice, sino que también sea reconocido, para poder ser así incluido en el acuerdo del libre comercio. Para que esto sea posible, Israel tendrá que ajustar la legislación a las normas y estándares de la UE por lo que respecta a cuestiones como la adquisición pública, la propiedad intelectual, las barreras arancelarias o principios de transparencia.
Ya en 2001 se acusó a Israel de exportar productos provenientes de las ocupaciones ilegales de Cisjordania y Gaza, como, por ejemplo, los cosméticos de la marca AHAVA en el Reino Unido. El gobierno británico considera que Israel ocupa territorios de forma ilegal, por lo que los productos originarios de estas zonas no podían beneficiarse del acuerdo del libre comercio entre la UE e Israel porque han de estar sujetos a derechos de importación.
Sin embargo, la Comisión Europea no se planteó, en ningún momento, sancionar a Israel por estas exportaciones, pero algunos de sus miembros sí que mostraron su desacuerdo, ya que consideraron que Israel se beneficia de las relaciones que mantiene con la UE, pero se niega a iniciar un diálogo político para poner fin al conflicto en Oriente Medio.
En relación con este asunto, se dice que la UE debería invitar a Israel y a Palestina a entrar a formar parte de la UE. Tanto Angela Merkel como Nicolas Sarkozy ya han mostrado su voluntad para que tanto sus gobiernos como la UE pongan en práctica una política más activa en Oriente Medio. Entre otras cosas, quieren reavivar el “proceso de paz” en la Tierra Santa anunciando para ello su disposición a entablar negociaciones con Israel y con un estado de Palestina independiente, hecho que podría conducir a la entrada de estos dos países en la UE. No obstante, la UE no cuenta con un papel muy importante en este proceso, ya que tanto Israel como Palestina sólo confían en Washington para encontrar una solución al conflicto.
Mari Carmen Civera Martín
(fuente: Gaza conflict delays Israel’s integration in EU Single Market, The Jerusalem Post, 02/02/09)