Mirando El País me encuentro con un titular que me sorprende “Los ejércitos de América del Sur se unen para colaborar por primera vez” y empiezo a leer.
“Marzo de 2008. El Ejército de Colombia asesta el golpe más duro hasta entonces a las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) al matar a su número dos, Raúl Reyes. La operación, realizada en territorio ecuatoriano, desata una crisis diplomática a tres bandas -Colombia, Venezuela y Ecuador- por la forma de proceder del Ejército de Álvaro Uribe. A unos cuantos miles de kilómetros al sur, un gran estratega geopolítico, Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, toma buena nota del asunto. Piensa que del conflicto puede surgir una iniciativa común de defensa. Sabe que es el único que puede lograrlo. Un año después, nace el Consejo de Defensa Suramericano [...] Con esta iniciativa se pretende acabar con algo tan arriesgado y complejo como las tentativas de conflicto, minimizar cualquier fricción entre los países de América del Sur. Hay quien considera que a través de este organismo se puede llegar a perfilar una política de defensa y seguridad conjunta”.
Esto confirma que en los momentos críticos son los mejores para intentar mover las cosas, y hacer algo que hasta entonces parecía absurdo: enfrentarse a las dificultades uniéndose. Puede ser y parece bastante probable que el ejemplo europeo haya inspirado los políticos suramericanos, pero la casualidad es que mientras al otro lado del océano se plantean algo inédito y revolucionario, aquí después de los enormes pasos que se dieron hasta el principio de los años 90, las cosas se mueven poco.