March 21st 2009 08:08 am

Las paradojas de la economía semiliberal: el caso de los trabajadores chinos en Rumanía

Tiempos de globalización y tiempos de crisis económica. Noticias, opiniones, previsiones, rectificaciones, confirmaciones y desmentidos se multiplican sobre los medios de información, dejando a la opinión pública en gran parte desorientada y preocupada por su propio futuro económico y social. Lo que a menudo resulta tener demasiado énfasis, es la gravedad de los datos macroeconómicos (descenso del PIB, índice de desempleo, etcétera), pero no aquellos pequeños - pero nunca insignificantes - casos de las dificultades actuales, tanto fuera como dentro de Europa.

Un ejemplo evidente es lo que ha sucedido en Bucarest, la capital de Rumanía, con cientos (si no miles) de trabajadores chinos. Todos ellos llegados a Rumanía atraídos por el espejismo de un trabajo bien remunerado - en comparación con los estándares de su país de origen - con la posibilidad de establecerse en Europa para siempre, numerosos obreros de la República Popular China se han transferido a Bucarest y a otras principales ciudades rumanas, principalmente por trabajos generales realizados por operarios. “Nos habían prometido un sueldo de 3€ la hora, por trabajar 10 horas al día”, cuenta Gao Lin, de 23 años, a la Associated Press, “una vez llegados a Rumanía, las horas de trabajo se habían convertido en 12, y el salario había disminuido”.

Pero las malas noticias para los chinos no habían terminado: a causa de la crisis económica que persigue también al este europeo, muchas de las empresas para las cuales trabajaban se han visto obligadas a cerrar, echando a la calle a todos sus obreros. ¿El resultado? Los inmigrantes chinos se han encontrado sin trabajo, y sin un duro para volver a casa y -en muchos casos- desprovistos del permiso de residencia. Así, sin otras alternativas, se han encontrado miles de personas durante el pasado febrero. Se encadenaron para protestar delante de la embajada de China en Bucarest, pidiendo ayuda a su gobierno para volver a la patria.

Las noticias en relación a la repatriación de los trabajadores chinos son pocas y fragmentadas, pero el cuadro socioeconómico que está emergiendo es desconcertante. Vivimos en una época en que la tendencia desenfrenada hacia las ganancias y a la reducción de los costes de gestión ha hecho funcionar a las empresas de manera que operan siempre en la sombra, lejanas de la legalidad y del respeto de los derechos de los trabajadores.

Este fenómeno - como muestra el caso aquí presentado - no se refiere sólo a los países en desarrollo, sino también a la Unión Europea, con dinámicas diferentes pero comparables: los trabajadores de los países más pobres (los del este, obviamente, en particular Rumanía y Bulgaria) se mudan hacia el oeste a la búsqueda de mejores condiciones de vida y de trabajo, pero se encuentran en general, escepticismo, racismo y -demasiado a menudo- explotación laboral.

Pasa lo mismo con los que vienen a Europa desde países aún más pobres o desprovistos de una estructura democrática: no sólo chinos, sino también africanos, suramericanos y emigrantes desde el sureste asiático. Estos grupos están presentes no sólo en países de la ex UE-15, sino también en los nuevos estados miembros, como es el caso de los chinos en Rumanía, donde -no siempre, pero en la mayoría de los casos- quedan relegados a los márgenes de la sociedad y del mercado de trabajo, acusados de sustraer la ocupación a los locales.

La realidad es que estamos viviendo en una época en que las “guerras entre pobres” se multiplican, creando una espiral descendente, una carrera de fondo que desconcierta y preocupa. La Unión Europea ha intentado y está intentando activarse para la tutela de los derechos de los trabajadores, pero la excesiva fragmentación de la legislación y la ausencia de políticas comunes sobre el bienestar social y sobre el control de la inmigración hacen la acción de la UE excesivamente débil e incoherente. Siempre esperando que la crisis económica no acentúe  aún más las divergencias y la desigualdad social.

Federico Martire

No Comments yet »

Trackback URI | Comments RSS

Leave a Reply

« El laicismo italiano en peligro de extinción | FRONTEX y la cooperación europea en las fronteras exteriores »