March 21st 2009 08:19 am

El sendero de los Union Bonds que lleva a la Federación Europea

El mundo está viviendo un “érase una vez la crisis”, una discontinuidad histórica que es todavía más grave que la del año 1929. De hecho, a día de hoy se han realizado diversas críticas al respecto, todas ellas de extensión e intensidad globales; de la crisis que arrastra el capitalismo (y de la civilización como se conoce hoy en día) a la ecológico-ambiental; de la cuestión vital energética a la crisis política, la cual ve en el fin de la hegemonía americana y en el emerger de las grandes y nuevas potencias (en gran parte asiáticas) la impredecible -quizás, además, peligrosa- transición hacia un nuevo orden internacional.

Desgraciadamente no se pueden conocer por anticipado todos los riesgos que estamos corriendo, así como tampoco se sabe con certeza si la “población global” será capaz de dar normas nuevas y más equilibradas para poder gobernar democráticamente. Solamente no se pone en duda una cuestión, y concierne al rol potencial de Europa en el mundo. La Unión Europea, con su peso económico, con su historia y sus responsabilidades, tendría la capacidad de aprovechar las oportunidades que siempre se esconden detrás de una crisis, pero sus promesas y expectativas permanecen encerradas en un cajón lleno de nacionalismos, xenofobia, incompetencia, miopía política y un retroceso cultural.

La solución de la crisis global está estrechamente ligada a la capacidad de Europa de retomar el propio rol del modelo institucional y valorativo (véase el tan imitado y estudiado “modelo social europeo”) y de volver a ser sujeto y no objeto de la historia. En pocas palabras la salida de la crisis depende en gran parte de la recuperación, a grandes rasgos, de aquel proceso de unificación política y económica de Europa que dura desde hace más de 50 años y que, según palabras de Jacques Delors, funciona como una bicicleta: debe su propia fuerza a su continuo movimiento, a su perpetua dinámica, y que se arriesga a parar del todo si no puede conseguir continuar hacia adelante.

¿A través de qué canales es posible dar un nuevo impulso a la integración? Partamos de una simple consideración: cada paso adelante en la construcción europea hacia la realización de una federación acertada está vinculado a la construcción de un bien público supranacional, ya sea éste el mercado único, la PAC (política agrícola común) o el EURO. En realidad podríamos considerar el proceso total a través de una perspectiva sujeta a los bienes públicos y al poder de gobierno necesario para gestionarlos: al resurgir de cada nuevo bien público le corresponde una cesión necesaria de soberanía de parte de los gobiernos nacionales con respecto al nivel comunitario. Desde este punto de vista podría ser suficiente individualizar un nuevo bien público supranacional, sacándole ventaja a la integración que comenzaría de nuevo forzosamente; es en este punto donde entra en juego la crisis, sobre todo si se presta atención a estas oportunidades que nacen de una serie de amenazas hacia la supervivencia de los países europeos.

Frente al riesgo siempre más real ante una incomparecencia de los países de la Europa del Este, ante el aumento de las distribuciones (más bien de la diferencia entre el rendimiento de los bonos del estado) entre Alemania y el PIGS (Portugal, Italia, Irlanda, España y Grecia) y considerando las altas probabilidades de insolvencia por parte de los grandes bancos transeuropeos, las míseras respuestas de los países miembros de la unión aparecen como una carrera desorientada sin orden alguno, sin la mínima esperanza de éxito. El único modo de salir de la viciosa espiral de la crisis (que también afecta profundamente la confianza de los ciudadanos, de las empresas, además de la de los inversores) es la emisión de una ingente cantidad de Union Bonds, más bien de títulos de débito público europeo, que serían expresiones de un nuevo bien público supranacional: la capacidad de la UE para crear débito.

Los Union Bonds nacerían con una gran fuerza, debido a su emisión con una divisa más fuerte y estable del mundo (el euro) y podrían ser utilizados para financiar proyectos radicalmente innovadores y transnacionales, de naturaleza ya sea “material” (infraestructuras y producciones de energía limpia, por ejemplo), o “inmaterial” (el desarrollo de los retos universitarios por excelencia, sostienen a la formación permanente y a la investigación, instituciones con un Basic income, es decir, un rédito de ciudadanía europea). La potencialidad de este nuevo instrumento económico seria (1) la relativa facilidad de llevarlo a cabo: es posible pensar en un proceso semi-gradual para sus instituciones, inspirándose en el modelo ya visto y experimentado para la integración monetaria (en el cual un recipiente coordinado de monedas europeas, el ECU, ha precedido a la verdadera unión económica y monetaria y la moneda única) y (2) su empuje hacia la convergencia de los indicadores y de las actuaciones económicas por parte de diversos países; el alto perfil de los proyectos financiados evitaría una carrera hacia el final con respecto a la calidad de los bonos, que tenderían -como sucede en el tiempo del UEM con las tasas de cambio- a alinearse con aquéllos del país más virtuoso (Alemania) más bien el contrario. A todo cuanto se ha dicho podemos añadir otra ventaja, esta vez psicológica: el efecto de anunciar la vinculación con la emisión de los Union Bonds podría relanzar la expectativa de los agentes económicos hacia el futuro, permitiendo que se cumplan los primeros pasos fuera del círculo vicioso de las “auto-cumplidas” expectativas de naturaleza depresiva.

La verdadera fuerza de los Union Bonds reside en su naturaleza de bien público supranacional, es decir, en su rol “político”: una UE capaz de crear un débito necesita nuevos poderes y nuevas competencias -y, como no, de nuevas cesiones de soberanía- esta vez no limitadas a un organismo autónomo como la BCE, más bien extendidas a las instituciones capaces de gobernar democráticamente una Europa federal: El Parlamento Europeo, la Comisión y, eventualmente, un nuevo organismo ad hoc.

Resumiendo: la crisis económica y financiera impone (o impondrá muy pronto) a los gobernantes europeos la creación de un débito público supranacional, afecta el fracaso de todas las pequeñas y descoordinadas medidas ya adoptadas. Pero la creación de un débito público europeo -y en perspectiva la institución de una fiscalidad federal europea- implica a su vez la creación de un poder federal que pueda gestionarlo democráticamente, el último paso hacia la realización de la Federación Europea.

Simone Vannuccini

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