March 21st 2009 08:26 am
¡Más poder para el BCE, ya!
La crisis financiera que se inició hace poco más de un año ha tardado en extenderse, tanto entre la industria financiera como en todo el mundo. En los últimos meses, los problemas aislados a los que se enfrentaban algunos bancos en los Estados Unidos y del Reino Unido se han extendido. Este proceso empezó a ganar velocidad a medida que el sector de la banca en Estados Unidos empezaba a desmoronarse (lo cual llevó a una casi total nacionalización de la misma). Ahora, estos problemas están afectando algunos bancos europeos. Son varios los estados europeos que han empezado a comprar acciones de la banca. Los gobiernos del ‘Benelux’ rescataron a Fortis, Francia al banco Dexia, Irlanda garantizó las cuentas de depósito de los seis principales bancos del país, Alemania revisó a fondo las cuentas de un banco de Baviera y, ya hace algún tiempo, el Reino Unido nacionalizó el banco Northern Rock. A pesar de la unificación monetaria, las reglas del juego las fijan los gobiernos nacionales.
El papel supervisor de los bancos centrales sigue bajo el control nacional. Además, en el caso de que un banco se encuentre con problemas financieros no es el BCE sino los gobiernos nacionales quienes deben salir al rescate. Existe una multitud de estudios, elaborados mucho antes de que irrumpiera la crisis, que ya avisaban de los peligros que conlleva esta fragmentación de las políticas reguladoras y de la función de garante en última instancia para muchas economías europeas.
A corto plazo los gobiernos nacionales que intentan salvar a sus bancos están sin duda dejando de lado los efectos que sus acciones conllevan para otros Estados miembros de la Unión Europea. Y es que no sólo los bancos son cada vez más internacionales (sirvan de ejemplo el banco belga-holandés Fortis o el banco franco-belga Dexia), sino que incluso los bancos nacionales están cada vez más interconectados en los mercados financieros. Las políticas nacionales que sólo se fijan en las cuentas nacionales de los bancos no pueden evaluar todos los efectos que tienen estos rescates bancarios. El riesgo de contagio persiste y no se podrá acabar con la crisis, puesto que el compromiso de los gobiernos nacionales de rescatar a sus bancos no basta para generar la confianza en los mercados de que todos los problemas se han solucionado. Dar la espalda a este efecto multiplicador aumenta el riesgo de que la crisis financiera sea aún más profunda y de mayor envergadura. Al final, el coste que tienen estas acciones descoordinadas para los contribuyentes será, más que probable, mucho mayor.
A largo plazo, la nacionalización de los bancos corroborará la fragmentación del sistema bancario europeo. Gran parte de los beneficios de la integración financiera, en términos de seguros, crecimiento económico, etc. se verán reducidos a prácticamente nada, debido a la nacionalización de los grandes bancos.
Por consiguiente, es de vital importancia que los gobiernos nacionales se sienten en la mesa de debate para coordinar sus respuestas, para así desarrollar soluciones a nivel europeo donde sea oportuno. La tarea de encontrar una solución rápida a las crisis globales debería ser encomendada al Banco Central Europeo y a la combinación de una política monetaria junto con un proceso de seguimiento de los bancos de la zona Euro a nivel de la UE, lo cual sería un buen punto de partida. Actualmente, se podría evitar que algún acontecimiento inesperado en alguno de los países miembros de la UE llevara a una cascada de fallos y a una ola de pánico. En el futuro, los procesos de seguimiento por parte del BCE podrían evitar las crisis antes de que éstas ocurran, preferiblemente sin implicar la complejidad de la política fiscal.
Peter Claeys
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